En un entorno cada vez más exigente con la sostenibilidad, el transporte refrigerado de última milla se enfrenta a un doble desafío: asegurar la conservación adecuada de los productos y, al mismo tiempo, reducir el impacto ambiental de las operaciones logísticas.
Este segmento del transporte, especialmente relevante en sectores como la alimentación, el canal Horeca o el farmacéutico, presenta una alta demanda energética debido al uso de sistemas de refrigeración activos y a la naturaleza urbana de sus trayectos, con múltiples paradas y ventanas horarias estrictas.
Reducir la huella de carbono en este tipo de transporte no solo responde a una necesidad normativa, sino que también representa una oportunidad para las empresas de diferenciarse, mejorar su eficiencia y aportar valor en términos de responsabilidad ambiental.
El reto ambiental del transporte refrigerado
El transporte a temperatura controlada implica una serie de requerimientos técnicos que incrementan su consumo energético: desde el funcionamiento continuo de las unidades frigoríficas hasta el mantenimiento de rangos de temperatura estrictos durante todo el trayecto.
Si a esto se suma la fragmentación de los pedidos y la alta frecuencia de entregas que caracterizan a la última milla, el resultado es un mayor consumo de recursos por kilómetro entregado. Este impacto obliga a plantear estrategias específicas para mitigar las emisiones sin comprometer la calidad del servicio.
Buenas prácticas para una distribución refrigerada más sostenible
Distintas organizaciones y operadores logísticos han comenzado a incorporar medidas orientadas a reducir el impacto ambiental de la distribución refrigerada. Algunas de las estrategias más eficaces incluyen:
1-Incorporación de vehículos de bajas emisiones
El uso de vehículos eléctricos, híbridos o alimentados con combustibles alternativos (como el gas natural) es una de las vías más claras para disminuir las emisiones en zonas urbanas. Esta renovación de flota también ayuda a cumplir con las restricciones de acceso a zonas de bajas emisiones, cada vez más comunes en las grandes ciudades.
2.-Optimización de rutas mediante tecnología
La planificación inteligente de rutas permite reducir kilómetros recorridos, tiempos de entrega y, en consecuencia, el consumo de energía. Herramientas de geolocalización, sistemas de predicción del tráfico y plataformas de gestión logística contribuyen a una operativa más eficiente y sostenible.
3.-Equipos de refrigeración eficientes y mantenimiento preventivo
El estado de los equipos frigoríficos influye directamente en el consumo energético del vehículo. La elección de sistemas eficientes, junto con un mantenimiento periódico, ayuda a prevenir fugas, evitar sobreconsumos y mantener la calidad del producto sin comprometer el medioambiente.
4.-Consolidación de cargas y vehículos multitemperatura
Agrupar entregas con condiciones similares o utilizar vehículos con compartimentos multitemperatura permite transportar distintos productos en un solo viaje, reduciendo el número de vehículos en circulación. Esta estrategia no solo mejora la eficiencia operativa, sino que también reduce significativamente la huella ambiental.
5-Digitalización del control térmico
El uso de sensores y registradores de temperatura en tiempo real facilita una gestión proactiva del estado de la carga. Este tipo de tecnologías permiten tomar decisiones rápidas ante incidencias, evitar el deterioro del producto y ajustar el uso de energía a las necesidades reales de la carga.
6.-Formación en conducción eficiente y sostenibilidad
Capacitar al personal involucrado en la cadena de distribución sobre prácticas de conducción eficiente, uso racional de la energía y gestión ambiental es clave para lograr una mejora integral. Las pequeñas decisiones operativas del día a día pueden tener un impacto acumulativo muy significativo.
7.-Alineación con estándares medioambientales
El cumplimiento de normativas ambientales y de calidad (como ISO 14001, GDP en el ámbito farmacéutico, o estándares de sostenibilidad urbana) constituye un marco útil para asegurar que las operaciones logísticas se desarrollan dentro de parámetros responsables. Contar con procedimientos estandarizados ayuda a mantener un control riguroso sobre el impacto ambiental del servicio.
Una cadena de frío sostenible es posible
Lograr una distribución refrigerada respetuosa con el medioambiente requiere un enfoque integral. No se trata solo de cambiar vehículos o usar energías alternativas, sino de revisar toda la estrategia logística: desde el diseño de rutas y la selección de equipos hasta la formación del equipo humano y el uso de tecnología.
La sostenibilidad ya no es un valor añadido. Es un factor clave en la toma de decisiones empresariales, especialmente en sectores donde la reputación, la seguridad del producto y la trazabilidad son fundamentales.
Conclusión
La transformación sostenible del transporte refrigerado es un proceso progresivo, pero necesario. Las empresas que se anticipan a estas exigencias y adoptan soluciones innovadoras están mejor posicionadas para competir, adaptarse a las nuevas normativas y generar relaciones duraderas con sus clientes.
Avanzar hacia una última milla refrigerada más eficiente y responsable no solo protege el medioambiente. También fortalece la resiliencia y la competitividad de toda la cadena de suministro.